Más informaciónA través de un nuevo email (que podéis ver pinchando aquí) Barricada nos ofrecen más información de la caja "25 años de rocanrol". Anuncian unas proyecciones del documental La Txantrea 14/04/07 y coloquio con el público asistente en:
Madrid 26 de Febrero a las 18:00 (Forum Fnac Parquesur (Leganés. Centro comercial Parquesur)
Barcelona 29 de Febrero a las 19:00 (Forum Fnac Triangle. Avda. Diagonal, 549)
Y nos muestran varias páginas del libro que acompaña a la caja:
Por un olor eterno (Kutxi Romero): Explicar a estas alturas de la función lo que son y han sido los Barricada en el plano estrictamente musical me parece una idiotez, ya que todo aquel que haya tenido el más mínimo acercamiento al mundo de las lentejuelas y no sepa del significado y grandeza de su presencia en la escena sólo puede ser debido a una razón: la de ser más tonto que cagar de pie. Y, aunque lo he repetido infinidad de veces, lo volveré a decir: el que no quiere a los Barri no sólo no quiere a su madre, sino que, aprovechando que en su día le cortaron el cordón umbilical, de la misma le tenían que haber cortado la cabeza.
Siempre he pensado que en este país de desmemoriados y borregos es facilísimo que cualquier artista se tire un pedo que huela bien un rato. El populacho aplaude, se acaba el pan duro por unos instantes y, cuando se va disipando el hedor, ya hay otro aventurero con las tripas revueltas dispuesto a que continúe la función. Y así uno tras otro. Y así nos va. Pienso que lo verdaderamente difícil es tirarse un pedo cuyo aroma dure veinticinco años, tal y como lo han hecho los Barri. Y nada, no hay manera, el cuesco se sucede entre bambalinas y tan sólo lo aplaudimos los empleados del circo: los funambulistas, los payasos enanos, los barrenderos de la pista, las mujeres barbudas, los taquilleros sonámbulos. Y en cierto modo me gusta que sea así, que esa esencia siga siendo propia de los que nunca quisimos ser exorcizados. De los que desoímos el evangelio del rebaño. De los que seguimos pensando que el pestazo merece la pena.
De los que nos cagamos en Dios al amanecer y, cuando cae la noche, dormimos con los ojos entrecerrados por si acaso. De los que esquivamos al pastor y a sus tijeras de esquilar. En definitiva: de los que creemos en los Barricada. Así que voy a cerrar herméticamente puertas y ventanas, voy a poner el No sé qué hacer contigo y voy a aspirar todo lo fuerte que pueda, dejando que su olor me asfixie en una muerte dulce, sabiéndome a salvo mientras los pies de los Barri sigan pudriendo la madera de los tablaos.
Siempre he pensado que en este país de desmemoriados y borregos es facilísimo que cualquier artista se tire un pedo que huela bien un rato. El populacho aplaude, se acaba el pan duro por unos instantes y, cuando se va disipando el hedor, ya hay otro aventurero con las tripas revueltas dispuesto a que continúe la función. Y así uno tras otro. Y así nos va. Pienso que lo verdaderamente difícil es tirarse un pedo cuyo aroma dure veinticinco años, tal y como lo han hecho los Barri. Y nada, no hay manera, el cuesco se sucede entre bambalinas y tan sólo lo aplaudimos los empleados del circo: los funambulistas, los payasos enanos, los barrenderos de la pista, las mujeres barbudas, los taquilleros sonámbulos. Y en cierto modo me gusta que sea así, que esa esencia siga siendo propia de los que nunca quisimos ser exorcizados. De los que desoímos el evangelio del rebaño. De los que seguimos pensando que el pestazo merece la pena.
De los que nos cagamos en Dios al amanecer y, cuando cae la noche, dormimos con los ojos entrecerrados por si acaso. De los que esquivamos al pastor y a sus tijeras de esquilar. En definitiva: de los que creemos en los Barricada. Así que voy a cerrar herméticamente puertas y ventanas, voy a poner el No sé qué hacer contigo y voy a aspirar todo lo fuerte que pueda, dejando que su olor me asfixie en una muerte dulce, sabiéndome a salvo mientras los pies de los Barri sigan pudriendo la madera de los tablaos.
No quisiera finalizar estas líneas sin intentar explicar lo que Marea hemos compartido con ellos en el día a día, fuera de los focos y del humo de las batallas. Pero para eso haría falta un libro entero. Una enciclopedia. Alfredo siempre nos dejó abierta la puerta de su casa, nos prestó guitarras cuando nosotros teníamos escobas con cuerdas, nos regaló sonrisas cuando más falta nos hacían y se mantuvo firme a nuestro lado, como el resto de sus compañeros, cuando la muerte nos arañó el pecho. (...)
2007. Un año de locos (El Drogas):
-¿Cómo vivisteis la preparación del 25 aniversario?
-En un primer momento, sin ser muy conscientes de lo que se avecinaba, decidimos hacer todo el año de celebración. Empezamos con los conciertos de Atarrabia, que tenían un concepto diferente de lo que habitualmente hacíamos en directo: muchas más canciones, con parte acústica y un escenario nuevo. El segundo punto destacable de esta historia fue el concierto del Rastro...
-De hecho, tú, todos los 18 de abril, te acercabas a las doce del mediodía por la plaza de Rastro de la Txantrea para rendir un pequeño homenaje.
-Fue una historia bonita, un concierto en la plaza, al aire libre, sin darle mucha publicidad; casi como un homenaje a nosotros mismos. Como tú dices, todos los años iba el 18 a la plaza del Rastro, a no ser que estuviera tocando fuera, y lloviera o hiciese sol me echaba un petilla. Es una fecha que yo tengo muy marcada por lo que supuso montar una historia como Barricada, por cómo ha ido evolucionando y cómo hemos vivido nosotros el asunto y por el asunto. Y este año, esa misma preparación ya tenía algo de especial, sin saber cuál iba a ser la respuesta. Desde la mañana fue diferente... levantarte intranquilo aunque sin los nervios de que íbamos a hacer algo grande sino simplemente una celebración familiar. El resto de la mañana transcurrió digamos que “con normalidad”, recogimos el equipo, estuvimos con gente que hacía años que no veíamos, como Manolo Gil, que es un personaje al cual le tengo un cariño muy especial. Luego, una vez que empezamos a montar, ves gente que llega de otros sitios, y eso que el concierto sólo lo habíamos anunciado dos días antes en la web, currelas con el buzo puesto que se han escapado del trabajo un rato y, de repente, ver a todos los chavales y chavalas de la ikastola, a los que les dieron fiesta para ir a ver el concierto, principalmente porque los profesores son de nuestra edad y seguramente a ellos les apetecía más que a nadie ver el asunto. Fue todo muy emotivo, muy improvisado... notamos el cariño tanto durante la actuación como después, ya que, por ejemplo, al acabar el concierto, yo estuve una hora sin poder moverme del sitio hablando con unos y otros. Es algo que ni pensándolo puedes prever que te vaya a salir así.







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